Más allá de las tradicionales y clásicas concepciones sobre la adquisición del conocimiento, la lectura sobre los fundamentos básicos de la investigación cualitativa, capítulo sexto, nos ilustra sobre la importancia de hacer buenas preguntas y sobre la discriminación que de ellas se hace, con miras a establecer una clasificación de sus diferentes tipos y clases, lo que a su vez se encuentra directamente relacionado con su función dentro de una investigación.
Teniendo en cuenta que para nadie es ajena la relevancia práctica en cuanto a la adquisición de nuevo conocimiento que reviste el hecho de formular preguntas pertinentes y apropiadas, es bueno así mismo y por consiguiente, conocer los espacios y momentos a que estas pertenecen por su diferente naturaleza y en donde, por lo tanto, son más útiles y eficaces.
No se trata entonces de una exaltación de la pregunta como fuente en sí misma de conocimiento, o como precursora de la revelación interna del conocimiento que ya se posee, como en el caso de Sócrates y su mayéutica (entre otros de los pasos de su método de conocimiento), sino que se trata de establecer la especial función que cumplen las preguntas dentro de un proceso investigativo de carácter cualitativo, como herramientas fundamentales para la formulación, aclaración, definición, delimitación, avance y descubrimiento de nuevos conocimientos, con el importante énfasis de que todos ellos revisten un carácter científico.
Por lo tanto no estamos hablando de preguntas filosóficas o meramente retóricas, sino que cada una de ellas apunta a cumplir una función investigativa y todas ellas permiten, en determinado momento el avance o retroceso de una parte de la investigación. El solo hecho de iniciar una investigación debe partir de la delimitación de un problema que indubitablemente no es más que al mismo tiempo el planteamiento de una pregunta nacida de una necesidad investigativa. En el texto se menciona, citando a otros autores, cómo es que la pregunta y la problemática se encuentran de manera casi simultánea en la formulación de un nuevo tema de investigación, ante lo cual, diríamos aquí, que se trata de dos caras de una misma moneda ya que el problema no es más que la pregunta redactada con las mismas palabras pero sin un signo de interrogación.
Es el investigador, quien de acuerdo a sus expectativas y preconceptos determina, cuando y donde coloca los cuestionamientos sobre las realidades pre-existentes pero esta delimitación obedece a sus juicios previos sobre lo que es correcto o no en la realidad que intenta abordar, ya que no es posible encontrar un problema y por lo tanto formular una pregunta investigativa, si este problema no lo es, (no existe) ante los ojos de un investigador. Por ese motivo es que la utilidad de las preguntas no nace solamente desde el inicio de una investigación, sino aún previamente a allá, ya que el investigador debe indagar dentro de sí mismo en la búsqueda del cuales son las carencias y expectativas que lo motivan a inclinarse por cierta pregunta y no por otra.
Sin embargo, aún así podría aseverarse que la primera pregunta planteada en una investigación es la pregunta problémica, la cual servirá de derrotero y de marco referencial para todas las demás preguntas que se planteen a lo largo de esta, ya que todas ellas deberán subordinarse a la principal, de manera tal que todas apunten hacia una misma dirección.
Aquí surge un tema aún más interesante ya que es posible que dentro del curso investigativo, surjan nuevos datos y verdades que desvíe la investigación hacia una reformulación de la pregunta inicial.
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